Catarsis

un asunto qué aclarar,

en todo caso de catarsis

 

Así como a algunos otros entendidos, este texto también le confié a José Lombardi I., amigo mío desde muy lejanos tiempos. Pues aquéllos, ajenos a este medio, me echaron ciertamente flores; en cambio, éste mi amigo – y a quién estimo y aprecio – me puso en autos sobre el tema juiciosamente. Los escritos míos no tenían otra intención más que fluir, pero tendrían que serlos pues como las aguas buenas, según o conforme el querer de mi amigo. A través del correo electrónico, a mediados de marzo, él me hizo llegar sus más modestos y sinceros comentarios sobre el asunto, escribiéndome, en ese entonces, que “el texto es bastante joven” y que “es bueno hacerlo madurar o someterlo”, como decía el viejo Marx, a la “crítica demoledora de los ratones”. Luego me hizo recordar a Javier Heraud cuando decía que “la poesía es arcilla de alfarero y no es buen poeta aquel que escribe y se vanagloria de no corregir”. Reflexioné y asimismo me dije luego, por ello, que nada peor que el estar engañado consigo mismo. Sí, qué engañado estaba. Pues el texto que le había confiado fue un texto que, sin otro propósito, lo empecé a prepararlo y escribir el día 02 de marzo, día muy especial para mí, y lo había culminado dentro un tiempo después, pero con otro objetivo más que el de ser sometido. Sin embargo, entonces, requería éste la observación veraz de algunos otros entendidos. Hasta en ese momento confié sólo a los que no eran de este medio, a excepción de Lombardi.

 

Recordé, entonces, lo que había leído del Quijote cuando, al respecto a este ejercicio, él se contentaba en advertir que, siendo poeta, podrá serlo si se guía más por el parecer ajeno que por el propio. Y me pareció, de éste, lo muy justo como fue José en hacerme recordar, sobre todo, a Javier Heraud. Pasó un buen tiempo y luego retorné a revisar a los textos iniciales. De éstos, ahora los presento de manera sosegada y silenciosa, guardándome, sin embargo, de ciertas críticas que pecarían de impurezas, sobre todo de quienes las podrían hacerlas con esa intención. Ya José, por ello, me lo había advertido entonces, recordándome asimismo a Marx y poniéndome en autos sobre los temas tratados, además de insinuar un “acto de purga y purificación más profundo y abierto” que, según él, mi experiencia sin duda habría de sugerir. Y sólo sé que, en todo caso, nada mejor que el tiempo, del cual resultaremos ser, ciertamente, claros conforme al tema de este mi texto, Catarsis, κάθαρσις, y que de ninguna forma significa desfogue, sino purga, purificación.   

 

Y es que Lombardi es, pues, un hombre íntegro de muchas cosas de las cuales las ha vivido profunda y abiertamente. Como político, su vida es asimismo filosófica y religiosa, como en algún momento lo considerase también el mismo José Carlos Mariátegui, que para él la política es filosofía y religión a la vez. Pues no es tanto, en este sentido, de ser “más allá del bien y del mal” en el sentido estrictamente nietzscheano, sino de aquí, dentro esta vida, reconstruyendo y recreándola de algo mucho más que de un solo propósito, es decir, recreando y reconstruyéndola evangélica y socialmente. Es decir, no exento al pensamiento y sentir de los tiempos, con el buen ánimo y el temperamento en lograrlo con el arte, la imaginación y la creatividad. En última instancia, “romántico”, y como aún es mi deseo, político además, no obstante el descrédito y la degeneración de este vocablo. Y sin temor alguno, lo acepto de buena manera. Pues además de filosofía y religión, en paralelo la “política” es asimismo “imaginación creativa”.

 

Mas como las cosas de la vida han ido empeorando y degenerándose, hoy en día, por ejemplo, se es filósofo o religioso por el solo hecho de serlo, así como en el vulgo el vivir es por vivir, sin sentido y propósito algunos. Y salvo a algunas excepciones, pues los políticos de ahora son, sin duda alguna, en su mayoría de los casos unos puercos. En ellos han expirado no sólo como vocablos, sino como vida, la religión y el buen sentir de las cosas. Y no es que trate de poner adjetivos sino de ver a la realidad tal como precisamente la es. La acepción del término “política” ha sido, incluso, enturbiada por impurezas, porque – y por qué no decirlo – la vida que vivimos es inmunda y, en muchos de los casos, nada sana, exenta de pensamiento y libre de culto a lo más intimo de la propia y saludable Vida. El hombre actual, como político enfermo, ha enfermado más al espíritu y, con éste, a la imaginación y a todo conocimiento. 

 

En nuestras mentes, en cambio, tenemos el entendimiento que para llegar a ser filósofo, habría que, al menos, ir a las escuelas académicas especializadas para ello, que sin embargo hasta cierto sentido es así y debe serlo. Pero me pregunto, ¿sólo será así?, ¿solamente de esa manera? Además de éstas, qué mejor escuela que la Vida, aunque de ella salgamos muy exangües. Si hay vida, en sí, hay a la vez filosofía y religión. 

 

El asunto es además saber que, al exponer mis ideas en texto, qué tanto soy en ellas, así como en el pensamiento qué tanto hay pues gran parte de nuestras vidas. Hay veces que uno piensa, pero no se es en éste. Hasta cierto sentido se establecen mecanismos de manejo y utilería, manipulando como instrumento al mismo pensar religioso. Preferiría, para ser sincero, en creer a alguien que ha vivido exitosa y profundamente que al que ha seguido y se ha formado sólo y exclusivamente en ciertas escuelas. En la vida no caben dualismos, dos cosas por separadas. Si hay escuelas, es más por la vida que por otra cosa que no lo sea. Pero ahora sólo hay escuelas, mas la vida en éstas ha sido inhibida, a veces hasta en forma absoluta. Ese es, pues, mi parecer el de ahora.

 

Cuando cantamos, qué tanto igualmente somos. Y si hoy confío estos versos, aunque del todo disformes, es porque en ellos soy, al menos con mis ideas y sentimientos.

 

Y lo que será difícil identificar es que en el texto qué tanto uno también haya madurado hasta el momento y cómo de manera continua va a la vez evolucionando. Nada mejor que ofrecer mi corazón abierto a través de estos pequeños versos, escritos sólo para brindar los momentos sinceros. Humilde en el caso mío, es decir, si algo de noble hay en mi vida, ya que ser humilde es lo mismo que ser noble de sangre. Si mi palabra peca, es porque mi vida peca. Y si en mis ideas hay motes, es porque motes hay todavía al interior de esta pues mi propia vida. De ello sí estoy de acuerdo con José Lombardi, que juntos hemos luchado y a quien tanto admiro aún. Y entre nosotros cabe saber quiénes, al menos, somos también frente a esta cruda realidad, que desquiciándose en ésta está la vida y que continuamente trajina como aquella, nada más que enferma y apagada también.

 

 

Arequipa, 24 de junio de 2011.                                                               

Eduardo Enrique Cervantes Flores

 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Elaborado por Eduardo Cervantes Flores / ecervantesf@aqpcultura.pe