En el Bicentenario, actualidad de los cuerpos
territoriales en la formación de la Nación:
La soberanía en debate para refundar la
Republica en la Nación pluricultural.
Ponencia presentada en el I Congreso
organizado por el Vice rectorado de investigación
UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS
I CONGRESO
Hacia el Bicentenario:
200 años de vida republicana. Balance y perspectivas
30 Abril 2010
En 1780 en la proclama de su Levantamiento
Continental, Túpac Amaru II llama a formar el
“cuerpo de la nación”. Convocaba a unir en una nueva
nación a los diversos sectores contra España, bajo
la hegemonía de la nobleza inca, sin definir si
dicha nación podía ser un “reino” en la
confederación de reinos del Imperio Español. Desde
1810, con las Juntas de Gobierno que los criollos
constituían en diversos lugares de América del sur,
se empieza el proceso de Independencia Política,
para naciones que los criollos instituían sin
indios. En 1821 es proclamada por San Martín la
Independencia en Perú, y es sellada militarmente
para toda América con la victoria de la batalla de
Ayacucho. Se sella la independencia en Perú, entre
propuestas de “reinos” y de repúblicas, anunciando
la soberanía como cuestión que quedara pendiente
hasta nuestros días.
1. La Soberanía, hilo
conductor del Bicentenario
Las naciones en Suramérica se erigen como Estados
Soberanos. Es el acontecimiento fundacional de la
Independencia Política de nuestras Naciones.
Previamente el continente tuvo otros acontecimientos
fundacionales durante las civilizaciones
originarias, especialmente andinas y mesoamericanas,
y en el encuentro-descubrimiento de 1492. Este
carácter fundacional de un Acontecimiento, Dusel lo
define como aquel por el cual se instituyen los
integrantes del cuerpo socioterritorial de poder,
marcando sus límites de soberanía en relación a
otras sociedades.
Nuestro acontecimiento fundacional que celebramos
fue un gran momento en la historia de la humanidad,
pues dio paso al sistema mundo que desarrollaría el
capitalismo, con el oro, la plata y la sangre de
América y los esclavos importados. Por sus
condiciones históricas específicas, la Independencia
excluyo a la mayoría de los habitantes del cuerpo de
la nación. Se asumió una condición restrictiva de
la Nación. Se excluyó a la Nación de su dimensión de
comunidad política, la que es efectivamente el
sustento integral de la misma. Se la adscribió a y
desde el Estado, para el grupo criollo y su elite.
Se asumió la Republica solo en su atributo de forma
de gobierno. Se derrotaron las propuestas de
monarquías hispanas, inglesas o incas, pero se anuló
que la fuente irrenunciable de soberanía reposa en
la comunidad formada por sus diversos integrantes
como ciudadanos, los que fueron excluidos. Al nacer,
se fechitizó el poder de los Estados formados, al
concentrar en si la soberanía, y se redujo la nación
a solo un sector de la misma.
El Bicentenario lo vivimos a inicios del Siglo XXI
con los mayores márgenes de autonomía nacional de
los dos últimos siglos. En nuestras naciones el
Bicentenario se vive asociado con nuevos
acontecimientos fundacionales. No en relación, esta
vez, a la independencia política del Estado, sino
en lo relativo a la soberanía de los pueblos en la
producción y apropiación de su condición socio
territorial. Los asuntos del Siglo XXI son los de
re-conocer nuestras sustantivas condiciones de
nación y de república. Se afirma la nación, como
comunidad histórica que labra su destino, pero no
reducida a los criollos, sino afincada en la
diversidad pluricultural situada
espaciotemporalmente. Se asume la Republica,
transformando su institucionalidad democrática para
que su forma de gobierno se re-encuentre con la
fuente legitima de soberanía constituida por el
conjunto de los habitantes de la nación en calidad
de ciudadanos. Estos desafíos se arraigan desde la
Independencia y son el eje del nuevo acontecimiento
fundacional que sacude nuestro continente, de
naciones bifrontes, particulares e integradas.
Se ha interpretado en distintos sentidos nuestra
formación como naciones. Una visión ( Macera, VA
Belaunde), la establece como una sustancia esencial
de peruanidad, formada a partir de una intemporal
“conciencia nacional”, que se va manifestando desde
la virreinato al influjo de la ilustración,
eclosiona con la crisis del Imperio Español y sus
reformas Borbónicas, y luego organiza el Estado
criollo. Encuentra sus raíces en el entusiasmo
ilustrado del Mercurio Peruano, en la narrativa del
Perú territorial de incas sin indios de Sebastián
Lorente, en las crónicas costumbristas criollas de
palma, o en la versión del mestizaje de Riva Agüero,
producto de la fusión del territorio andino con la
civilización occidental traída por España. Otras
versiones han buscado entender la formación de la
nación, desde las diversas etapas de su historia
como Estado-nación, dando privilegio analítico,
según cada escuela de pensamiento a distintos
aspectos. Algunos, a los aspectos económicos de
secuencias evolutivas en la nación en modos de
producción o en la progresiva apertura del libre
mercado. Otros a los aspectos políticos
institucionales, como las formas de gobierno, los
tipos normativos de funcionamiento del aparato del
Estado o las secuencias de las elites en el poder
del Estado. Otros, a la estructura social y los
diversos momentos de sus relaciones. Algunos,
incluso han tratado de hacerlo integrando estas
diversas dimensiones. La mayoría de estos estudios
parten de asumir como unidad de estudio fundamental
la del Estado nación, y muchos no incorporan la
espacialidad.
Ciertamente, son estudios fundamentales y de grandes
aportes. Pero no dan respuesta a la problemática
crucial que este Bicentenario coloca a nuestra
reflexión. Es la problemática relativa a la
Soberanía para la articulación del poder en la
relación de Territorio, Republica y Nación. El
Territorio, asumido como socialmente producido,
situado espaciotemporalmente por la práctica social.
La Republica, considerada una comunidad soberana
institucionalizada. La Nación, entendida comunidad
plural, con estructuras sociales de formas de
trabajo, control y cohesión social, en dinámicas que
labran en común su destino sin finalidad
predeterminada manifiesta. Esta problemática de
Soberanía, está inserta funcionalmente en
condiciones de una relación global-local, y de
pertenencia a sistemas mundo interestatales con
específicos posicionamientos funcionales y políticos
en ellos.
Esta problemática hace necesario un enfoque
territorial que incluya esta dimensión para la
comprensión de nuestra formación como nación y sus
desafíos. Diversos autores impulsan estos enfoques,
cuyos conceptos dan base a estas reflexiones. Las
perspectivas del sistema-mundo, del posicionamiento
geopolítico y la colonialidad del poder, los
desarrollan Wallerstein, Quijano, Arrigi, entre
otros. La Transculturalidad del giro decolonial,
planteado por Dosel, entre otros. La
Territorialidad, formulada por Milton Santos y David
Harvey, entre otros.
En un intento de acercamiento a estos temas,
presento, desde un enfoque territorial, el
acercamiento a una periodificacion del curso
histórico de formación del Perú como Nación,
contrastando los acontecimientos fundacionales en la
Independencia y en el momento actual. Son hipótesis
en estudio.
2. El Virreinato Español en
las América: los Reinos y el Pacto de Soberanías.
En lo que denomina Dusel, el Sistema Mundo
Interregional (Europa-Asia-África), los intercambios
fueron afianzados por los Imperios del Caballo y del
Hierro, que hacían posibles las conquistas y el
traslado de los bienes entre ellas. Al apreciar la
pugna por la hegemonía en su desarrollo, señala
Arrigí, rectificando a Wallerstein, que la dinámica
de cambio es de índole endógena, pues generada la
expansión de una hegemonía existente, esta genera
caos y brota luego una nueva hegemonía, la que a su
vez refleja una mayor concentración de recursos
organizativos y mayor volumen y densidad dinámica
del sistema.( Arrigí 2007, 41).
Desde esta perspectiva, el crecimiento de las
actividades en el sistema interregional, obliga a
buscar nuevas rutas para los tráficos en el sistema
mundo, y la aventura se formula por los mares para
encontrar nuevas rutas. España conquista su
hegemonía en el sistema mundo, al descubrir una
nueva ruta hacia el Asia, y encontrar las América
como un nuevo continente al que somete. El nuevo
continente tenía un desarrollo civilizatorio
autónomo: las Américas, con mayas y aztecas en
centro América y los grupos regionales y los incas
en los andes, habiendo formado este el Imperio del
Sol, la piedra, el arado de pie y la calzada. España
establece su hegemonía en el sistema mundo con el
oro y la plata de América, y con el control del
comercio en el pacifico, el que incluye el boyante
negocio de la trata de esclavos, que se focaliza en
el triángulo de la muerte del Atlántico entre
África, Europa y América. España no solo expulsa a
los árabes de la península Ibérica, sino que forma
el Sacro Imperio Romanito Germánico, que vence al
Imperio Otomano de Soliman el Magnífico y al Imperio
ruso de Iván El terrible.
Durante tres siglos, el Imperio Español va a
sustentarse en ser el propietario de la plata y el
oro, que se usaba como moneda metálica para el
intercambio de bienes de todo el sistema mundo
especialmente con China. El vasto Imperio Español
tenía a las Américas como su fuente de riqueza. Su
extensión territorial además de la península Ibérica
y las Américas, incluía también a parte de
Alemania, Italia y vastas zonas del mediterráneo.
La irrupción de América como nuevo continente, va a
ser también el de la presencia de un nuevo Océano,
el Pacifico y la organización de las nuevas rutas
del trafico marítimo en todo el planeta. Se
distinguen dos etapas, la primera que va a influir
decisivamente en el dominio del Imperio español, y
la otra en los años de la Independencia de las
Américas.
La primera, de 300 años, en el apogeo del imperio
español, va desde 1520, fecha del viaje de
Magallanes, hasta 1815, último viaje del Galeón a
Manila. El puerto de Sevilla es el punto de origen,
y sus referencia de transito son los Virreinatos de
Nueva España y del Perú.
España sortea el bloqueo de los Otomamos en el
mediterráneo, descubriendo la ruta de Cabo de
Buena Esperanza que une Europa con el Oriente por el
Arica. La búsqueda de nuevas rutas enfila al Sur, y
llega Colon a América, creyendo eran las Indias.
Diversas expediciones recorren su costa Atlántica
pensando que era el litoral de continuidad con Asia.
Balboa al encontrar las costas del Pacifico piensa
que era cerrado como el Mar del Norte. Será recién
en 1520 que Magallanes descubra y atreviese el
estrecho que lleva su nombre y que luego Sebastián
El Cano recorrerá circunvalando el globo
terráqueo.
Entre 1527 y 1563 se establece la ruta a Filipinas,
que permite ida y vuelta, y consolida al célebre
Galeón de Manila, organizando el tráfico marítimo
con Asia en el Pacifico Sur. A lo largo de estos
años, las riquezas mineras de Potosí son embarcadas
desde el Callao a Panamá y luego se trasladan a
Cartagena para embarcarse a España. Otros productos
de comercio siguen la misma ruta a la feria de
Portobelo. Pero también se usa para este tipo de
bienes la ruta al Asia por las Filipinas, que tiene
México como centro de distribución. De este modo, la
producción minera, y agraria comercial (azúcar,
etc.) así como el tráfico de esclavos, va a
organizarse férreamente por el Imperio Español. En
esta etapa, en el comercio marítimo por el Pacifico,
Perú está subordinado a estas rutas que tenían a
México como eje principal. Se modifica esta
situación, con la afirmación del comercio marítimo
de esclavos y azúcar en el Atlántico, a partir de
las plantaciones de azúcar del Caribe. Se amplían
las rutas de oro y plata y de otros bienes, que
hacían de la feria de Portobelo su eje, y crece la
piratería y el contrabando como una parte sustantiva
del comercio marítimo mundial, ligado a la pugna por
controlar los mismos por las potencias europeas en
disputa.
La segunda etapa de la presencia del Océano
Pacifico está ligada a las independencias de las
Américas. La Revolución norteamericana forma una
Confederación de Estados Republicanos, que asumen su
condición de un gran continente bioceánico, con
borde en los dos océanos. Este es el sentido
estratégico de su marcha hacia el Oeste, de su
propia unidad, y de sus empresas marítimas para ir
por el Cabo de Hornos hasta su borde en el
Pacifico. En las nacientes naciones de Suramérica,
la continentalidad es una urgencia planteada desde
los inicios de las independencias, recuperando la
importancia de Panamá como país interoceánico
futuro, la Gran Colombia como unidad bioceánica, y
la unidad del conjunto como expresión de un gran
continente que tiene en los andes sus riqueza y que
unido será interlocutor en el mundo. El tráfico
marítimo por el Cabo de Hornos, fue de gran utilidad
para la presencia de Gran Bretaña, y reubico las
jerarquías entre las partes integrantes. Era
indudable que la unidad del continente, con el
altiplano y sus valles cercanos como la plataforma
de comercio entre los litorales y con la amazonia
daría otra perspectiva no solo al comercio marítimo
sino al propio fundamento de unidad de los
Estados-naciones en formación. El pase y lucha en
los andes, fue crucial para las emancipaciones
políticas. Pero las naciones se afincaron en sus
litorales, y se perdió la continentalidad. Tras
quebrarse el sistema económico colonial minero
tributario en torno a Potosí, no se formó una nueva
centralidad desde su plataforma andina altiplánica
con vocación bioceánica, para vincularse al mundo,
sino que se disgrego en sus litorales para
comunicarse con los mercados mundiales. Los
Estados-nación nacieron desde la fragmentación de su
vocación territorial. Quedo la integración
bioceánica del continente como una urgencia del
territorio, pendiente, requerida para que puedan
desplegarse sus potencialidades y labrarse los
sueños de la Patria Grande.
La historia del tránsito de los imperios-mundo a la
formación de la economía-mundo capitalista, la
sustenta Wallerstein (2000,53) en una nueva forma de
apropiación del excedente, sobre la base de una
nueva división territorial del trabajo en el mundo.
No se originaba en la apropiación directa del
excedente agrícola, sea en tributos o en rentas
feudales, sino en un excedente basado en la
productividad más eficiente y ampliada (agraria,
industrial), a través del mercado mundial y la
asistencia del Estado. Esta nueva forma de
apropiación del excedente, requiere la expansión
geográfica planetaria para reemplazar el oro del
Sudan por el de América y la plata de Europa central
por la de América. También requería el
fortalecimiento de los aparatos estatales en Europa.
Pero especialmente, necesitaba una nueva división
territorial del control del trabajo. Con esta se
establecía el trabajo obligado en las zonas
periféricas y semiperiféricas. En las Plantaciones,
de producción de una agricultura para el mercado
mundial, en base a trabajo esclavo. Y se agregaba
al trabajo servil el trabajo obligado de las mitas
mineras a Potosí en América. En la zona central del
sistema mundo, el trabajo se hacía en pequeñas
unidades agrícolas y manufactureras. De este modo,
gracias a esta división territorial del trabajo, la
emergencia de la economía mundial capitalista podía
no solo intercambiar oro y plata por bienes de lujo
de China, sino ampliar el mercado mundial a otros
bienes (madera, vestidos, alimentos).
Las Américas eran fuente complementaria de España
antes que de Europa. Se organizó, con el Virrey
Toledo, un sistema continental económico colonial
minero-tributario, en torno a Potosí y el mercurio
de Huancavelica. Ante la imposibilidad de esclavizar
a la población indígena de un vasto territorio y
civilizaciones originarias con desarrollo imperial,
se estableció un sistema de trabajo servil combinado
con la obligación de la mita –minera a Potosí, y al
pago del tributo con metálico. Las dos repúblicas,
de Españoles y de Indios, fue la forma pactada de
este régimen, pues daba a cambio a los indígenas la
pervivencia de sus curacas y formas de cultura, así
como el control de los territorios a los cuales
habían sido reubicados en reducciones.
Se redistribuyeron tierras para los españoles, en
las cuales se introdujo las técnicas y productos que
traían de Europa, estableciendo que varias
actividades, como la cría de ganado vacuno, solo
podían ser efectuados por los españoles y no por los
indígenas. De esta forma, por doble efecto, se
arrincono a las poblaciones indígenas a la
subsistencia, para obligarlos al trabajo en la mita
y a la servidumbre, y se congelaron los sustantivos
conocimientos desarrollados por la civilización
andina en la gestión del territorio altitudinal de
los andes.
Se impulsaron también la formación de Plantaciones,
para la producción agrícola comercial. Para esta
actividad, se estableció la esclavitud, con la trata
de esclavos africanos. Estas plantaciones se
localizaron principalmente en los valles de la
costa, sobre todo en torno a Lima, metrópoli
comercial de todo el virreinato. A Lima llegaban los
minerales, traídos por los andes o por el mar desde
Arica. La elite nobiliaria de Lima fue la más fuerte
del virreinato del Perú, basaba su poder en el
comercio, haciendas con esclavos, minería, naves y
trata de esclavos. Fue mayoritariamente formada de
criollos, hijos de españoles nacidos en América, los
que compraban los cargos en el Estado colonial que
vendía la corona para obtener ingresos.
Dadas estas condiciones del territorio, continental
y marítimo, de la división territorial del trabajo
y de la estructura social, en el posicionamiento de
las Américas en el Imperio Español, es que la
dinastía de los Habsburgos organizo el Imperio con
el criterio de soberanía pactada entre el Soberano y
los reinos. Es decir, que el Rey era el que tenía
imperio sobre territorios, administración y vidas,
pero compartía la soberanía con los Reinos que
establecía en diversas zonas del mundo. Delegaba en
los reinos, pero no perdía el imperio. Por esta
razón, dictaba leyes obligatorias, las que podían
acatarse pero no cumplirse, y los diversos sectores
podían hacer reclamos ante la Corona, pasando por
los encargados de los reinos e incluso en contra de
ellos.
-
La
crisis del Imperio Español y las dos Soberanías
entre Habsburgos y Borbones.
Las Américas, complemento de España, fueron
organizadas primero en dos virreinatos. El del Nueva
España (actual México) y el del Perú (de Panamá a
chile). Al iniciarse la crisis de la hegemonía de
España y para hacer frente a la expansión de otras
potencias, se forma en 1739 el virreinato de Nueva
Granada (Caribe, Colombia), para controlar el
agitado caribe. En 1776 se forma el Virreinato de La
Plata (Argentina), para hacer frente a la expansión
portuguesa-brasileña e inglesa sobre Buenos Aires y
Potosí.
La pugna por la hegemonía a España, la encabeza las
Provincias Unidas de Holanda. Esta pugna se dio en
un marco de un cambio geopolítico internacional. El
Tratado de Westfalia de 1648, sustituyo la autoridad
imperial/papal, de carácter supraestatal, por un
sistema político formado por los Estados Europeos,
basado solo en la ley. En este marco, se
desenvuelve la crisis de España y su pugna por la
hegemonía del sistema mundo con Holanda. Al basarse
la hegemonía española en el control de la plata
americana, los holandeses llevaron la guerra al
control de los mares gracia a su poderío naval.
Ganaron el control del báltico, y con su poder
financiero pudieron adquirir la plata que España
traía de América. Luego, en la pugna contra Francia
como potencia terrestre dominante de Europa, Holanda
sufrió varios embates, aliándose con Inglaterra.
Tras la guerra de los Nueve años los Ingleses
adquirieron la hegemonía Naval para controlar el
intercambio marítimo con el mundo extraeuropeo.
El Tratado de Ultrech de 1713 afirma la transición a
la hegemonía Inglesa, la que entre otros aspectos
adquiere el derecho cuasi monopolístico de vender
esclavos en los puertos españoles. Portugal de facto
se transforma en protectorado británico.
El transito del Reinado de la dinastía de los
Habsburgos a la de los Borbones, significo un cambio
fundamental respecto al Imperio y la soberanía. Los
Habsburgos, habían organizado y administrado por
siglos el Imperio español, con el criterio de una
monarquía imperial y patrimonial. El Rey era “de
España y las Indias”. La estructura del reino era
las de los estamentos medievales. Y en el amplio
Imperio Español se formaba una confederación de
Reinos, en los que nombraba un Virrey, con
atributos recortados temporalmente de soberanía, y
reteniendo la decisión última tras apelación ante lo
que administraban los Virreinatos. En la crisis del
Imperio español, los Borbones consideraron que había
que “refundar el imperio”. Eran una dinastía que
asumía las ideas de la modernidad ilustrada.
Influenciados por Francia, asumieron el carácter
nacional español de la monarquía, personificado en
el Rey. Era el Rey del imperio nacional “de España y
Emperador de América”, lo que expresaba el profundo
cambio de esta refundación imperial.
Las Independencias de América, van a estar marcadas
por esta disputa entre dos concepciones de soberanía
en el Imperio Español, contrapuestas ambas con la
soberanía republicana, enarboladas por la revolución
francesa y la norteamericana.
La preocupación principal de los Borbones era ganar
la guerra al Imperio francés, para resolver la
crisis. De ahí que reorganizaron la administración
de América, en función de financiar su campaña de
guerra. Ajustó la recaudación de tributos; impuso
las intendencias, con delegados para administrar los
territorios; envió nuevos grupos de inmigrantes
españoles, en especial al caribe; dio prioridad a
algunas ciudades como cabeza de las intendencias;
anulo la venta de cargos públicos y su sucesión
hereditaria, para excluir a los criollos de los
puestos de poder; expulso de América a los jesuitas,
el principal grupo criollo, poseedor de haciendas,
centros de enseñanza, prestigio y poder político.
Al afirmarse Gran Bretaña, debió terminar de
resolver su enfrentamiento con Francia y España.
Francia se alía con España, para atacar Inglaterra,
en momentos que se produce la revolución
independentista en Norteamérica. Francia y España
ganan posiciones navales, pero entran en crisis. Se
produce en Francia, la Revolución de 1879, marcando
el conjunto de la humanidad con los derechos del
hombre y del ciudadano. Luego de su periodo de
terror jacobino, es reemplazada por la nación como
sustento del imperio, con la expansión para formar
el Imperio Napoleónico. Gran Bretaña se concentra
entonces, en fortalecer el poderío naval y en
recuperar el control del caribe, zona principal
productora de azúcar en plantaciones de esclavos, lo
que logra entre 1793 y 1810.
En 1783 con el Tratado de Versalles se suscribe la
paz entre Gran Bretaña y Estados Unidos y entre Gran
Bretaña y Francia, lo que ayuda a la consolidación
de la revolución americana. Entre 1793 y 1796 se
desarrolla una guerra entre Francia y España, que
culmina con el tratado de San Idelfonso de 1796, que
une a los contendientes con un enemigo común: la
emergente Gran Bretaña. La repuesta no se hizo
esperar, Gran Bretaña con su poderosa flota naval,
desde 1796 corta la comunicación marítima de España
con las Américas. Coincidentemente a esta aguda
desconexión, entre 1797 y 1814 es que se impulsan la
aplicación de las reformas borbónicas en América.
Napoleón respondió a Gran Bretaña extendiendo su
control territorial. En 1807 con España invaden
Portugal. Luego invade Francia a España, y Fernando
VII abdica el trono ante José Bonaparte, impuesto
por Napoleón. En 1813 recupera el trono Fernando
VII. Napoleón, ante la posibilidad de una alianza de
Rusia con Gran Bretaña, invade Rusia y es derrotado.
La invasión napoleónica a España, estallo la pugna
entre las dos soberanías en los reinos del Imperio.
En Cádiz y con la constitución de 1812, se afirma la
soberanía centralizada del despotismo ilustrado, se
anula el pactismo con los reinos, y se incluyen una
forma limitada de representación de las poblaciones
en las asambleas, dando cabida a los criollos. En
Sevilla y luego en Cádiz, las Regencias y Cortes
centrales estaban sostenidos por la armada inglesa,
mientras Francia dominaba la península. Al haberse
cortado la comunicación marítima con las américas,
era indudable el vacío no solo del Rey sino de la
misma administración central del Imperio. Pero el
debate constitucional formulado abrió en las
Américas la inmediata repuesta en torno a las
soberanías. Si el Rey ejercía en cuanto soberano, la
detención o sustitución de la persona, trasladaba la
soberanía a otro órgano, la Regencia. Pero esta
cuestión de soberanía debía resolver una más amplia
y sustantiva, relativa al pacto de la misma entre el
rey y los reinos. Se reabría en otras condiciones el
debate entre los Habsburgos y su confederación de
reinos y los Borbones del despotismo centralizado.
En las América, la práctica social vio llegada la
hora de las soberanías, y se formaron juntas de
gobierno en casi todas las principales ciudades que
encabezan territorios. Más fuertes y soberanas eran,
según su propia lucha, como aconteció en Buenos
Aires, en donde en 1806 los criollos habían
derrotado con sus propias fuerzas a la invasión
inglesa. Y eran más débiles donde las elites
criollas estaban más comprometidas con el dominio
territorial español, como ocurría en la elite
nobiliaria comercial limeña.
Pero existían los otros sujetos reales, que señala
Lacan, en condición de lo fantasmatico, el
Otro-real, que es componente básico de la propia
realidad. Los criollos no olvidaban en 1810, ni la
revolución de Túpac Amaru de 1780 que remeció el
continente, con una alternativa de centralización
distinta a la de la elite nobiliaria limeña. Ni
tampoco sacaban de su memoria la revolución de
Haití, en la que habían triunfado los esclavos que
formaron una República, la que funciono varios años,
derroto una invasión militar de la Europa coaligada,
e incluso financio a los criollos independentistas
como lo hicieron a las dos primeras incursiones de
Bolívar en Venezuela. Los criollos eran minoría en
una América poblada de indígenas y esclavos, a los
que muchos tenían pánico, y respecto a los cuales no
buscaban cambiar básicamente sus condiciones de
trabajo y sistema de producción.
Para la soberanía de los nuevos Estados nación, por
lo dicho, el acontecimiento fundacional se redujo a
la Independencia política de la soberanía de los
propios criollos, excluyendo a indígenas y esclavos,
es decir, a las mayorías. Eran Naciones, pero
débiles. De republica con raíces débiles; sin
ciudadanos cohesionados en una nación común.
Las Juntas independentistas, desde 1810, acrecientan
batallas con altibajos. Estallan simultáneamente en
casi toda América, menos en Perú, donde la elite
nobiliaria criolla es fuerte aliada del Virrey En
1813 es restaurado Fernando VII en España, y recobra
parte de América entre 1814 y 1816.
En 1815 se suscribe la Paz de Viena, una paz que
duro cien años, de 1815 a 1914, entre los países de
Europa. Al amparo de ella, Gran Bretaña desato
innumerables guerras coloniales, al tiempo que
impulso a un acuerdo por el cual Estados Unidos,
como “protector”, se haría cargo de garantizar la no
intervención ni la instalación de colonias en
América latina, lo que sería luego formalizado en la
Doctrina Monroe.
En 1816 Bolívar reinicia combates, con apoyo de Gran
Bretaña, y se van emancipando las naciones, hasta
llegar a concentrarse las fuerzas en torno al
todavía sometido Virreynato del Perú. Entre 1821 y
1824, el gobierno virreinal se había concentrado en
cusco y la zona andina. En 1824, se produce la
batalla de Ayacucho y la capitulación de los
Españoles tras su derrota.
Los Estados en las naciones formadas por criollos,
tenían jurisdicción principalmente en torno a
ciudades de actividad comercial y portuaria,
vinculadas con la producción agrícola comercial, y a
yacimientos y rutas mineras. Son ciudades-cabeceras
de estados-territorios imaginados como propios. Para
la negociación de fuerzas en las futuras
delimitaciones, aceptan que sea en torno a las
anteriores demarcaciones administrativas del
virreinato. No siempre se cumplieron ellas, y además
eran trazos aproximados y muy imprecisos.
Estas demarcaciones no fueron el fundamento de las
naciones, como sostiene Benedict Anderson. Fueron
formas fechitizadas de legitimizar el nuevo Estado
criollo, su soberanía excluyente, su condición
litoral en un continente desintegrado. La condición
provisional de continuidad de la demarcación
colonial como referencia espacial, en la relación de
fuerzas en las potestades sobre territorios,
expresaba que la estructura formada en la colonia no
cambiaba. Si bien la guerra afecto la economía y
genero trastornos sociales, pasada las primeras
inflamadas declaraciones de la utopía republicana
igualitaria, el Estado mantuvo el pacto colonial
gracias al cual seguía recibiendo sus ingresos
principalmente de las contribuciones indígenas, del
trabajo de servidumbre en el agro de subsistencia y
abastecimiento, y del trabajo esclavo africano en
las haciendas-plantaciones que se mantuvo hasta
mediados del siglo, para ser sustituidos por el
trabajo neoesclavo de los coolies chinos.
En una parte de Suramérica se derrotan las
propuestas de monarquías y sus reinos. Tras la
derrota del sueño integracionista de Bolívar, se
instalan republicas en los independientes pero
fragmentados Estado-nación de los criollos. La pugna
al interior de estos, y por sus delimitaciones
interestatales, se realiza a partir de la
continuidad de la condición colonial y en las nuevas
condiciones de la hegemonía de Gran Bretaña en el
sistema mundo y la emergente economía capitalista
mundial. En este contexto, se forma el Perú como
Nación.
Otra parte de Suramérica, asiste a la instalación de
un Reino, el de Brasil, que continua en forma
independiente el dominio portugués. En 1815,
Portugal forma con Brasil un Reino Reciproco y una
monarquía dual, bajo protección Inglesa. Una
revuelta en Brasil de 1820, obliga a la cesión de la
corona, y en 1822, Don Pedro, se declara Emperador
de Brasil. Es la soberanía del Rey, la que pervive
largamente en Brasil, hasta la tardía conquista de
la república.
4. La actualidad de los
“cuerpos territoriales” en la formación del Perú
como Nación.
La independencia del Perú y su formación como
nación, tiene el marco, de contexto y geopolítico,
de la crisis del imperio español y del desarrollo de
la hegemonía Inglesa en la economía mundo
capitalista. Es una apreciación equivocada que fuera
una independencia “a regañadientes”, “impuesta” o
“concedida”, o que fuese la enunciación de una
peruanidad trascendental derivada de sus elites de
poder.
Se puede estimar tentativamente una periodificacion
de esta formación nacional, atendiendo a la relación
entre los objetos híbridos espaciotemporales, los
cuerpos territoriales, y la comunidad política. Se
configuran una dinámica histórica a través de los
siguientes momentos:
a. Base Civilizatoria: El
Imperio y Señoríos del Sol, lítico, del arado de
pie, y los intercambios a larga distancia en
territorios discontinuos en verticalidad
complementaria.
Los cuerpos territoriales andinos originarios,
expresaban la base civilizatoria andino-amazónica.
Sustentaba la “verticalidad complementaria”, con su
máxima expresión en los Señoríos Regionales y el
Tawantisuyo, y su centralidad espacial en Cusco, con
intercambios de larga distancia en territorios
discontinuos. Ampliación creciente de la frontera
agrícola, de la división del trabajo y del uso de la
fuerza de trabajo por el imperio para los fines
estatales.
El medio técnico-social era de caminos, instrumentos
líticos y metales. El Imperio correspondía al arado
de pie (chaquitaclla), la energía cósmica-vital del
Sol, y el Capac Ñam integrador espaciotemporal.
b. El Virreinato del Perú,
en el área periférica del Imperio Español, zona de
abastecimiento con sistema continental minero de
moneda-metálica mundial, en pacto colonial de
republica de Españoles e Indios, trabajo esclavo en
plantaciones, con reordenamiento territorial
salvacionista espacio temporal, y Estado colonial
patrimonial absolutista.
La mutilación del cuerpo territorial andino por el
enclaustramiento colonial de la “repúblicas de
indios” en un “pacto colonial” con la “república de
españoles”, y la clasificación política social en
base a “razas”. Medio técnico-social de amalgama
minera, obrajes y fundición de dinero-metálico
mundial. Sistema minero colonial, con agricultura
comercial (azúcar, vinos, etc.), mercado cerrado
colonial (ganadería, obrajes, artesanías), y control
concentrado de la fuerza de trabajo, en formas de
servidumbre y esclavitud. Reorganización
salvacionista tributario-minero virreinal, con la
formación de pueblos de indios, con centralidades
espaciales en torno a Lima-Cusco-Potosí.
c. La Revolución Nacional
de Túpac Amaru, y la contrarrevolución borbónica
absolutista, la que tiene como consecuencia
profundizar la fragmentación y crisis final del
régimen virreinal hispano en América, cuando el
imperio Español entra en crisis estructural por el
desarrollo del capitalismo mundial.
La crisis en los Imperios de Europa, y la
posibilidad nacional-continental abierta con Túpac
Amaru de nueva centralidad ante la crisis del
sistema económico colonial y de administración de
sus territorios virreinales. El Fantasma de la
Revolución Nacional, de base indígena, y de la
revolución gobernante de los esclavos en Haití. Las
nuevas centralidades coloniales de los Virreinatos,
la ampliación del libre comercio mundial, y el afán
fiscal tributario de los Borbones. El reordenamiento
territorial de la contrarrevolución anti-indígena, y
la precarización de los criollos. Crisis del Estado
mixto, con discusión del pacto de soberanía y sus
formas.
d. La Independencia
Continental, con la formación de la Nación Peruana
por los Criollos, minoría nacional.
Al fragmentarse el sistema territorial continental
del Virreinato, y tras la derrota de la revolución
nacional de Túpac Amaru, se abriría la formación de
naciones-repúblicas independientes en toda América,
con disputas de nuevas centralidades
primario-exportadoras, que en el Perú mantendrían el
“pacto colonial” y el fundamento centralista
administrativo del estado absolutista. Se impone la
utopía republicana derrotando la propuesta de la
monarquía, lo que lleva al paso masivo de la elite
criolla limeña al bando realista, incluyendo a los
dos primeros presidentes del Perú, Riva Agüero y
Torre Tagle, que se refugian con las tropas
realistas en el Fuerte del Callao.
Las naciones en el continente se organizan desde las
ciudades-provincias de mayor importancia, que
disputan estructurar territorios a ocupar.
En el Perú, se viven las consecuencias del cambio
de las rutas marítimas y la agricultura de
exportación sobre los territorios. Se establece una
nueva ecuación entre los territorios y sus
producciones, especialmente entre Perú y Chile. En
1815 se cierra la ruta directa del Perú al Asia por
el Pacifico, con el último viaje del Galeón de
Manila, que conectaba el Perú con México y con el
Asia. La pugna de las potencias europeas por las
productivas plantaciones esclavistas en el Caribe,
afecta la exportación de azúcar y otros productos
del Perú hacia Panamá y Portobelo. El incremento de
las plantaciones esclavistas de azúcar en Brasil, y
su intercambio con productos agrarios del Virreynato
de La Plata, afectaba , a su vez, a los productores
agrario comerciales del valle central de Chile, lo
que viran hacia estrechar lazos con los productores
de azúcar en el Perú. Se suman a estos cambios, el
del tráfico marítimo por el Cabo de Hornos hacia las
cotas de Chile, Perú, Ecuador y Colombia, con el
intenso comercio de contrabando y el incremento de
buques mercantes ingleses para traer los textiles y
otras mercancías de Europa, donde Inglaterra
despuntaba como taller mundial. Por estas
condiciones se afianza la relación comercial entre
productores de azúcar del norte peruano y los de
trigo del centro de chile, que forjan un eje
territorial de control marítimo, productivo y
comercial.
Estos cambios remecen y reposicionan la pugna entre
los sectores de la plataforma andina-altiplánica,
obrajes, manufacturas, agro de la demanda interna,
mineros, y sus servicios conexos, que pugnaba por
nuevas centralidades y potencialidades, con los
sectores litoral costeros de la agricultura
comercial de exportación, que la elite nobiliaria
limeña consideraba base de su poder desde el
Virreinato. Se desata con las independencias una
Larga Guerra civil Norte-Sur, que incluyen el auge
y derrota de la Confederación Perú-Boliviana, y la
posterior Guerra del Pacifico entre
Perú-Chile-Bolivia, incentivada desde Inglaterra por
el control del salitre.
El Norte-Lima, es decir, la elite nobiliaria limeña,
con el programa “proteccionista” representa el
régimen de plantaciones, trabajo esclavo y control
del comercio, en alianza con los productores de
azúcar de chile y Gran Bretaña. El Sur, con un
programa de “libre comercio” defiende la centralidad
andina y sus producciones agrícolas, manufactureras
y mineras, las que requieren superar el control
marítimo hegemónico que tempranamente impone Chile
en el Pacifico. El resultado de esta guerra civil,
es por ello, la derrota de la centralidad sur-altiplánica
por la centralidad hacendaria
norteña-limeña-costera.
La Primera Republica Militar-Guanera, en la primera
revolución industrial capitalista europea y el auge
de la nueva ruta marítima por el Cabo de Hornos, que
modifica las relaciones geopolíticas del continente
con Inglaterra, centro del industrialismo en
ascenso. En el Perú, se incorporan tecnologías del
vapor, la mecanización y la agricultura mercantil de
exportación. Plan de ferrocarriles, entre el
derroche fiscal y los nuevos centros de exportación.
La acumulación capitalista primitiva se realiza
saqueando al Estado los ingresos del Guano (deudores
y consignatarios), riqueza que se desnacionaliza
contrayendo endeudamiento con abultados créditos
para el fisco. Se incorpora la mecanización en la
agricultura de exportación de la costa, con formas
de trabajo neo esclavas, con la importación de
coolies chinos. Se mantiene el pacto colonial con la
exclusión de la población indígena en la soberanía,
mientras se incentiva la migración europea como
nuevo sector que debe fortalecer el cuerpo de
soberanía de la nación.
El Estado es empírico, y se aboca con afán
positivista territorial a su extensión demarcatoria
nacional, incluyéndolo en la narrativa de la elite
de poder. Se afianza la presencia del Estado en la
Amazonia, con buques a vapor y la fundación de
Iquitos.
Se imponen las condiciones de la Republica Militar
Guanera, más allá de una fugaz e ineficaz
“primavera liberal republicana” con el partido
civil y en sectores artesanales de lima. Se lleva
el país a la derrota en la Guerra del Pacifico por
el Guano y el Salitre. El Perú pierde la hegemonía
en el pacifico sur y la centralidad comercial
continental.
e. Desde fines del S XIX y
el Siglo XX, la reconstrucción nacional desde la
“nación mestiza” y la republica oligárquica. Las
tecnologías de la electricidad, el motor a
combustión de combustibles fósiles, el automóvil, el
telégrafo. Nuevo pacto colonial indígena, de
vialidad-territorios, asimilacionismo cultural, con
funciones de administración de poblaciones a
gamonales. La reestructuración centralista del
Estado, con bloqueo conservador y fascista a las
reformas de mercado nacional que se hacen en América
latina.
La versión nacional mestiza de república oligárquica
(1895-1970), afianzó la centralidad desde Lima y
las haciendas de agricultura comercial de
exportación del norte, y con los “enclaves” de
empresas internacionales en los sectores petroleros
y mineros. Medio técnico-social incorpora petróleo,
electricidad y carreteras, con ampliación de la
mecanización e industrialización dependiente. La
impulsa la reestructuración del Estado Nacional, la
centralidad de sus funciones de coacción y
tributación. El país se subordina a los EEUU y sus
enclaves petroleros-mineros. Se afianza la base del
poder de la oligarquía en la propiedad de la tierra,
el comercio, las finanzas y algunas industrias, en
alianza de la oligarquía terrateniente hacendaria,
con los gamonales de la sierra, a los que da
funciones de lo que Foucault denomina administración
de poblaciones. Se despoja a los campesinos de sus
tierras y se acentúan las formas serviles de
trabajo, con nuevas modalidades de trabajo forzado
en la conscripción vial, el enganche y la
depredación de recursos naturales, como los de la
amazonia. La respuesta de la población conquista la
ampliación de derechos sociales y políticos, y
reclama reformas. Las masas irrumpen en la escena
pública política, poniendo en jaque la exclusión de
las mismas en la república. Este es otro momento que
pudo ser fundacional. La oligarquía lo impide
imponiendo regímenes dictatoriales fascistas, que
reprimen el ascenso democrático ciudadano. La
derrota del nazi-fascismo en al II Guerra mundial
hace que la oligarquía terrateniente vire a formas
de convivencia seudo democrática pro oligárquicas.
Pero sobre la misma base socio territorial: mantener
su poder en alianza con los enclaves
norteamericanos. Pretensión vana, pues ya era un
proceso histórico la creciente revolución de
ciudadanía, en la masiva urbanización, recuperación
de tierras por los campesinos comuneros, y el
crecimiento de la producción mercantil simple.
-
El nuevo
acontecimiento fundacional tras el Bicentenario:
El Perú entre la Des-topia y la Republica de
Ciudadanos. De la Independencia Política a la
refundación del Estado superando la exclusión en
la comunidad política soberana, con Republica
como fuente de soberanía y la nación afirmada en
su diversidad plurietnica.
Asistimos
a la reformulación de la relación de los territorios
con las naciones, en la repolitización de la vida
social. Es un periodo histórico comparable al de la
formación de naciones en el Siglo XIX en Suramérica.
El Tiempo de la Política, que estudia Palti. Los
territorios se han multiplicado y asumido
heterogéneos, como lugares-globales. Los territorios
tienen dinámicas propias, y se vinculan con las
Naciones de forma distinta al Estado-Nación de la
era industrial, que los hacía sujeto de dominio
jurisdiccional exclusivo, y organizaba la relación
atomística individuo-Estado.
En la actual era, se recupera la heterogeneidad
espaciotemporal y las mediaciones de lazos sociales
y comunales entre el sujeto individual y el estado
representativo. El Estado Nación no se disuelve en
un imaginario espacio único económico global, en el
que un poder deslocalizado y fluyente dominaría en
forma anónima y totalitaria a los sujetos
fragmentados, condenados al conformismo de su
sujeción. Los Estado-nación continúan siendo la
esfera política principal, en las cuales y a través
de las cuales las comunidades de ciudadanos,
históricamente formadas, pugnan en las cambiantes
correlaciones de fuerzas local-globales. Las
naciones, como comunidades históricas, están
ubicadas en un sistema internacional en la compleja
intersección global-local entre política, tecnología
y transformación social. Expresan sus singularidades
históricas de la relación entre nación, poder y
territorio.
La Incorporación del país al medio técnico
informacional, científico, global-local, coloca en
primer plano la soberanía como fundamento de la
comunidad de ciudadanos. Sus desafíos están en la
quiebra de las jerarquías étnicos coloniales, la
emergencia de la mayoría nacional excluida, el
impulso a las articulaciones territoriales macro
regionales, y el proceso de urbanización. La crisis
de la base de poder de la oligarquía, y la quiebra
del pacto colonial y la exclusión oligárquica, traen
una nueva ola de reformas sociales, que buscan
ampliar la precaria institucionalidad democrática
que se restablece desde 1980, en una constitución
democrática, pero limitada. La crisis de la
industria sustitutiva dependiente, de la
agricultura post reforma agraria, de las políticas
populistas, y del accionar terrorista, acentuaron
la crisis política nacional. Se implantó la
República Autocrática Neoliberal (1992-2000),
recentralizando el Estado para formar una nueva
elite mafiosa. La lucha de la ciudadanía, derrumbó a
esta dictadura el 2000, abriéndose la pugna por la
redefinición de la Nación y su soberanía.
Desde los años 70 del Siglo XX, al iniciarse la
nueva era mundial técnico-científico informacional,
se acentúa en Perú la Democratización social y la
ampliación de derechos de ciudadanía, entran crisis
la colonialidad del poder, la exclusión oligárquica
y el Estado centralista, abriéndose la pugna entre
la republica autocrática neoliberal, sean sus
versiones mafiosas o lobbysta, y la república
democrática de ciudadanos de una nación pluriétnica.
Expresan nuestro desafío de cara al Bicentenario.
Están en pugnas dos repúblicas, asumiendo la
Republica, con Dusel y Bobbio, no como
administración burocrática estatal, sino como forma
de organizar el tratamiento de lo común de la
comunidad, estableciendo quienes forman parte de
ella, y como se institucionaliza el ejercicio de la
soberanía para su mejor vivir.
Existe la posibilidad de la República de la
neo-oligarquía. Esta corporativizaría los
territorios, re-primarizaría la actividad económica
a la exportación de materias primas y a la
agro-industrial exportadora, concentrando el poder
económico desnacionalizando subordinado como
intermediario del flujo del poder corporativo
mundial. Recentralizaría el Estado patrimonial, para
reconfigurar nuevas centralidades global-locales,
segmentadas desde Lima. Transformaría al país en una
“provincia”, sin soberanía, administrada desde los
intereses de EEUU, con poblaciones excluidas, como
ciudadanos de segunda y tercera clase.
Es la des-topía. Puede entenderse en el sentido de
lugar privado de sentido de nación. Es el régimen
de una “provincia-administrada”, nueva modalidad de
la colonialidad en la era actual. Dejan de lado la
discursiva mestiza y la latina; inclusive la
hispánica, pues ni siquiera se asumen como “reino”.
Se contentan con la des-topía de una
“provincia-administrada” por el Imperio mundial. La
nación es reducida a “provincia de ultramar” del
imperio global, en la cual se saquean sus recursos
naturales con archipiélagos mineros-energéticos, se
piratea sus biodiversidad genética e impide su
producción orgánica y alimentaria. Se condena a su
población a la neo esclavitud del subempleo crónico,
la precarización laboral y el analfabetismo
tecnológico.
El régimen político de esta des-topía, de esta
“provincia-administrada”, se sustenta en cuerpos
territoriales de colonialidad, formados de la
corporativización privada de los territorios en
archipiélago sujetos a enclaves despóticos, con una
república burocrática autoritaria, de lobystas y
ujieres, deforme por el presidencialismo
autocrático, a la cabeza de un Estado centralista,
clientelista y corrupto. La des-topía necesita
impedir al ciudadano para instalar súbditos, y
busca administrar sus poblaciones diversas como
“razas subhumanas” excluidas y carentes de
libertades. Propugna sociedades bajo disciplina
totalitaria, con las que invade y condena la
subjetividad, para dejar como herrumbe apolillada la
teatralidad y el espectáculo a que reducen la
democracia y la política. Las castas coloniales, y
sus prolongaciones oligárquicas, tienen sus
herederos del Siglo XXI en esta naciente
neo-oligarquía apátrida. Ella abomina de la nación
y alimenta su espíritu de las ganancias
mercantilista de la fugaz plusvalía mundializada que
le toca como intermediario. Se forma de la intensa
concentración monopólica, ajena al interés
productivista y está dedicada hasta el alma a las
ganancias mercantilistas, para la cual diluye como
moneda feble el sentido y los intereses de la
nación.
La otra posibilidad abierta en este Bicentenario al
país, es la Republica de Ciudadanos. Instituye la
participación de todos en la comunidad política,
como fundamento de su poder, y con su respectiva
institucionalización democrática. Afirma y recupera
la soberanía nacional de la nación pluriétnica, con
la re-territorialización de los cuerpos
territoriales heterogéneos en una nación pluriétnica,
que integre la diversidad de sus distintos
contingentes que a lo largo de la historia se han
sumado a la nación. Una república igualitaria, con
reconocimiento de las diferencias, y con formas de
representación personal y de comunidades
específicas, especialmente de poblaciones indígenas.
Con centralidades macro regionales y
urbano-regionales, afirmadas en la incorporación del
medio técnico científico para el desarrollo
endógeno, a partir de la recuperación de los
recursos naturales y de un proceso de neo
industrialización en la actual escena mundial de
multipolaridad.
Esta posibilidad, se sustenta en el
re-posicionamiento nacional en Suramérica, con
integración soberana al poder suramericano
emergente, y afirmación de sus potencialidades..
Potencia su condición de biodiversa, bioceánica,
andina-amazónica, de emprendurismo social
generalizado, y centros logístico e industrial
continental Asia-Pacifico.
Entre estas dos Repúblicas, la Nación peruana está
viviendo su Bicentenario. Mientras para algunos no
hay nada que rememorar, reflexionar ni celebrar,
pues están en la des-topia sin nación, para la
inmensa mayoría de peruanos y peruanas estamos en un
momento histórico especial, el de dar pase al
acontecimiento fundacional parea superar la
exclusión y afirmar la nueva base ciudadana de la
soberanía.
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